En mi trabajo me gusta investigar de qué manera la materialización de la imagen en un formato físico puede alterarla o complementarla, jugando con pliegues en el papel, reflejos, distorsiones… En este caso he utilizado el soporte del marco y el cristal para distorsionar una imagen perfectamente definida. Tiene que ver con la experiencia de mirar la ciudad a través la ventana, con la capacidad de entender la información, con la legibilidad, con los secretos y lo que no eres capaz de expresar con claridad. También es un altar para mi abuela. La pieza se completa con unas fotografías impresas en risografía y doradas con pan de oro en su reverso. Flores y velas al mismo tiempo.
Lo importante es que no se olvide.
Academia de España en Roma, 2020